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Rev. Luis M. Ortiz
" EL PODER DE LA FE "

En Hebreos 11:1, versión Aramea, leemos: “Fe es la sustancia de las cosas que se esperan,
así como la sustancia de las que no se ven”.

Para muchos, la fe es algo muy difícil de entender y más difícil de practicar por el hecho de que
la tendencia de la naturaleza humana es gobernarse por los sentidos. Hemos aprendido a confiar tanto
en lo que vemos, tocamos, olemos, gustamos, que nos es difícil entender y practicar aquello que nada
tiene que ver con tocar, oler, ver y gustar: la fe.

Nos hemos convertido en esclavos de los sentidos. La multitud dijo a Jesús: “Hemos visto tus milagros; y
ahora creemos en ti”. Pero Jesús siempre corregía al concepto de anteponer los sentidos a la fe. Siempre
enseñaba que la fe es primero, después, los sentidos. A Marta, la hermana de Lázaro, antes del Señor resucitar
a éste, le dijo: “¿No te he dicho que si creyeres, verás la gloria de Dios?”
Primero hay que creer para después ver.

Muchos dicen: “Yo soy como Santo Tomás, tengo que ver para creer”.
Pero ocho días más tarde el Señor dijo a Tomás: “Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano,
y métela en mi costado”. Vio y tocó. Pero el Señor le censuró su incredulidad, y le dijo: “No seas incrédulo,
sino fiel”. A esto Tomás respondió: “¡Señor mío, y Dios mío!” Y Jesús le dijo: “Porque me has visto, Tomás,
 creíste; bienaventurados los que no vieron y creyeron” (Jn. 24:24-28).

Tan carentes de la verdadera fe somos y tan esclavos de los sentidos venimos a ser, que aún pretendemos
allegarnos a Dios para adorarle a través de algo que vemos o tocamos, como una imagen. Dios mismo dice:
“No te harás esculturas ni imagen alguna de lo que hay en lo alto de los cielos,
ni de lo que hay abajo sobre la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra.
No te postrarás ante ellas, y no las servirás, porque yo soy Jehová, tu Dios vivo (Exodo 20:1-6).
 De echo, la verdadera adoración a Dios no es con objetos y motivaciones visibles y tangibles,
sino que es “en espíritu y en verdad”. Conforme enseñó el Señor Jesucristo.

Igualmente la verdadera fe no necesita ver nada, ni tocar nada, ni sentir nada. Todo lo que necesita es
la promesa de la Palabra de Dios para apoyarse y creer. La fe es la evidencia de las cosas que no se ven.
La fe es la sustancia de las cosas que se esperan.

La fe es la fuerza más poderosa del universo. Dios es un Dios de fe. Él tuvo fe en Su propia Palabra.
Él habló por fe, y todo vino a la existencia. Dice en Hebreos 11:3: “Por la fe entendemos haber sido
constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía”.

La fe es fuerza creadora. Por la fe Dios dijo: “Sea la luz”, y fue la luz.
Por la fe Dios dijo: “Haya expansión en medio de las aguas….” Y fue así. Y llamó Dios a la expansión Cielos.
 Por la fe Dios dijo: “Júntense las aguas que están debajo… y descúbrase lo seco”. Y fue así. “Y llamó Dios
 a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares”. Por la fe Dios dijo: “Produzca la tierra hierba
 verde…árbol de fruto…y fue así”. Por la fe Dios dijo: “Haya lumbreras en la expansión de los cielos…y fue así”.
 Por la fe Dios dijo: “Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen… y fue así”. Por la fe Dios dijo:
 “Produzca la tierra seres vivientes…bestias, serpientes, y animales. Y fue así”.

Entonces Dios, igualmente por fe. “formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida,
 y fue el hombre un ser viviente” (Genesis 2:7). Esto es, con la capacidad de tener fe, de ejercitar fe,
 de actuar en fe. Por esta razón:

    -Somos salvos y vivificados por la fe (Ef. 2:8, 10. Ro. 5:1)
    -Vivimos y somos por la fe (Hch. 26:18. He.10:30)
    -Somos sanados y recibimos milagros por la fe (Hch. 3:16, Mt. 9:22,29)
    -Movemos montañas por la fe (Lc. 17:6)
    -Somos probados en nuestra fe (1 Pe. 1:7)
    -Nuestro escudo es la fe (Ef. 6:16)
    -Nuestra coraza es también la fe (1 Ts. 5:8)
    -Vencemos por la fe (1 Jn. 5:4)

La fe vencedora produce héroes y campeones con grandes proezas (He. 11). Por la fe Abel ofreció a Dios
 más excelente sacrificio que Caín. Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte. Por la fe
 Noé con temor preparó el arca. Por la fe Abraham obedeció, y salió sin saber a donde iba. Por la fe Sara,
siendo estéril, concibió y dio a luz. Por la fe bendijo Isaac a Jacob. Por la fe Jacob, al morir,
bendijo a sus hijos. Por la fe José, al morir, dio mandamiento acerca de sus huesos.
Por la fe los padres de Moisés lo ocultaron tres meses. Por la fe Moisés hecho ya grande,
rehusó las glorias del palacio y escogió el vituperio de Cristo. Por la fe el pueblo cruzó
el Mar Rojo en seco, bajo el liderato de Moisés. Por la fe cayeron los muros de Jericó,
después de Josué y el pueblo rodearlos siete veces. Por la fe Rahab la ramera no pereció con los desobedientes.

Fue por la fe que Gedeón, Barac, Sansón, Jefte, David, Samuel, los profetas, conquistaron reinos,
 hicieron justicia, alcanzaron las promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos,
 evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batalla, pusieron en
 fuga a ejércitos numerosos. Otros también por la fe, experimentaron vituperios y azotes, prisiones
 y cárceles, fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada, anduvieron de
 acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y  cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales
 el mundo no era digno: errantes por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas
 de la tierra… todos alcanzaron buen testimonio mediante la fe.

Esta fe reverente, adorante, obediente, expectante, poderosa, valiente, dinámica, heróica, humilde y
 sacrificada, está al alcance de todos los lavados en la sangre de Cristo. Jesus dijo: “Tened fe en Dios”.
 Literalmente: tened la fe de Dios. Esto es posible, de otro modo no sería un mandato del Señor.
 A la vez que es un mandato, también es una promesa. Dice el Señor: “Y estas señales seguirán a los
 que creen: En mi nombre echarán fuera demonios: Hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes,
 y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos y sanarán”
(Mr. 16: 16-18)

Y no sólo en los tiempos bíblicos, sino a lo largo de la historia de la Iglesia y en nuestros días,
 hombres con la fe de Dios, Dios los usa y hacen proezas, milagros, prodigios y maravillas.
 El tiempo y el espacio nos faltarían para contar acerca de lo que Dios está haciendo por medio
 de grandes hombres de fe y de los grandes milagros y prodigios que Dios ha hecho mediante nuestro ministerio.
 ¡Alabado sea su nombre!

Amigo lector, en este mismo instante puede producirse la sanidad, el milagro, la transformación,
 la maravilla que usted necesita en su vida o en su hogar. Esto sucede en el instante que usted cree.
 Es asunto de creer, de tener la fe de Dios. Y dice la Biblia que muy “cerca de ti está la palabra,
 en tu boca y en tu corazón. Ésta es la palabra de fe que predicamos…pues la Escritura dice:
Todo aquel que en el creyere, no será avergonzado…” (Ro. 8:8-17).

Ana, una niña de 13 años estaba en la línea de oración. Subió a la plataforma auxiliada por sus
dos muletas y por el padre y la madre a cada lado. Pregunté cuál era su problema. Los padres explicaron.
 Tenía tuberculosis en el hueso de la pierna derecha; la habían operado sin éxito. La enfermedad progresaba.
 La pierna estaba tres pulgadas más corta que la otra.

¿Crees que el Señor te va a sanar?, pregunté a Ana. “¡A esto he venido!”,
 fue su firme respuesta. Oré. Mientras oraba, un fuego invadió la pierna de Ana y un ruido
 se produjo en sus huesos. Al terminar la oración, la pierna había crecido exactamente igual que la otra.
 ¡Gloria a Dios!

Lo que Dios ha hecho con otros lo hará con usted también. Abra su corazón y crea. La fe abre puertas.


Escrito por: Rev. Luis M. Ortiz







A Dios sea toda la Gloria!